
El Centro de Reinserción Social de Minga Guazú, presentado como una cárcel de máxima seguridad, vuelve a quedar en el centro de la polémica por el ingreso reiterado de drogas, celulares y otros objetos prohibidos. La situación pone bajo la lupa los mecanismos de control en los accesos y el rol de los funcionarios encargados de la vigilancia, ya que los hechos se repiten con frecuencia pese a los protocolos establecidos. La falta de resultados concretos en la prevención alimenta dudas sobre la efectividad del sistema de seguridad interna.